jueves, 18 de mayo de 2017

Psycho-Pass



Psycho-Pass
Psycho-Pass (サイコパス?) es un anime, seinen, adaptado por la cadena televisiva Fuji TV entre 2012 y 2013 a partir de la adaptación del manga realizado por Midori Gotou en el guión y Natsuo Sai en el dibujo. En líneas generales, es un anime que me he aventurado a ver a través de la plataforma de Netflix y pese a sus problemas considero que se trata de una de esas pequeñas joyas que deberían verse si buscamos una buena serie basada en una sociedad distópica donde los planteamientos filosóficos y morales sobre el límite de la tecnología en el control social nos ofrecen un planteamiento de reflexión y debate interno cada vez más enlazado con la problemática y la problemática actual.



En primer lugar destacar el diseño de los personajes estilizado y típicamente japonés en cuanto a la estética, y estos se hallan insertos en un ambiente realista y futurista muy cercano a lo que ofrecería una temática de la ciencia ficción. Se trata de un dibujo limpio, agradable a la vista, digitalizado y en ocasiones extremadamente efectivo que nos permite vislumbrar la psicosis de los personajes.

En cuanto a los personajes nos encontramos con personalidades bien definidas de acuerdo a un trasfondo establecido que resulta lógico en lo referente a sus modos de actuación, y que nos facilita entrar en conexión con el pensamiento del propio personaje para llegar a comprender sus motivaciones y perspectivas de vida. En este caso el rol protagonista corresponde a Akane Tsunemori una joven inspectora con ideales de vida diferentes a las normas y pautas de actuación convencionales y con una concepción atípica y fiel a la justicia del ser humano que le hará comprender las perspectivas de sus subordinados y establecer una relación especial con Tomokazu quién tiene unos criterios de actuación opuestos y muy radicales en la resolución de los conflictos pero cuya mente es ampliamente estadística y puede analizar cualquier objetivo con una gran crudeza interpretativa. Por último, reseñar al antagonista Shogo Mikishima quien persigue un ideal maquiavélico de destrozar con la automatización social impuesta por la tecnología, resulta frío y dispone de la capacidad de ofrecer una gran reflexión intelectual y autocontrol que le permite eludir cualquier tipo de sistema de seguridad.

En cuanto a la trama mencionar que dispone de un trasfondo policiaco poco convencional pues se desarrolla preferentemente como sátira a la sociedad y plantea situaciones cruentas en las que el cuestionamiento moral y el horizonte tecnológico plantean situaciones tan reales como peligrosas. Generalmente la población se encuentra sometida a escáneres psicosomáticos y por tanto controlada y esclavizada por una tecnología donde cualquier divergencia de comportamiento puede suponer ser apartado de la sociedad e incluso conllevar la ejecución del individuo por medio de los ejecutores.
La banda sonora acompaña con sonidos ambientales y temas orientados a dar énfasis a la acción o las situaciones de psicosis que se presentan a lo largo del discurrir de los episodios.



A grandes rasgos, nos encontramos con un seinen interesante que ofrece entretenimiento, una trama interesante y cuestionamientos que permitirán al espectador plantear sus propias conclusiones.


miércoles, 17 de mayo de 2017

Aprendizaje



Aprendizaje

Para el bedel son las cuatro de la tarde,
Y la calma comienza a atenuarse,
Mientras en su mente alumbra memorias que parten,
Con manifiestos recuerdos en los que fijarse.
Sus sueños fueron vasijas de fina porcelana,
Espejismos de conocimientos acumulados,
En los que la curiosidad nunca cesaba,
Para una praxis en horizonte plano.
Pero incluso en ilusas pretensiones,
El saber alumbra madurez,
Y sin paliativos, ni ajenas peticiones,
Todo crece sin mudez.
Alza al viento las palabras,
De un mañana esperanzador,
Pues en el presente atrapa,
El ejercicio de toda razón.
Para el bedel siempre hay una luz,
Fruto de su erudición,
En cuyos dominios acoge a un abedul,
Y, en sus ramas sus frutos, empeñó.


lunes, 15 de mayo de 2017

Avery Preston en el país de las maravillas mecánicas



Avery Preston en el país de las maravillas mecánicas

Un hombre de pecho caído pero porte decidido camina a paso firme y ágil en dirección al Departamento de Seguridad de la Ciudad de Edlin, bajo sus pies el asfalto no es más que un paseo hacia su propósito, y su vista tan limpia como clara refleja una mirada esperanzadora.

-          El departamento está irreconocible, ¿qué ha pasado con mi oficina? ¡Cago en la ostia, me suspenden un mes de sueldo y me encuentro con toda esta mierda del papeleo y para colmo, no tenéis un maldito café! – dijo airado.
-          Ahora ladras, pero sabes muy bien cuáles son las consecuencias de tus actos. Se acabó el café por una temporada, ahora tendrás que llevar el uniforme y encargarte de dirigir las próximas redadas. Se te ha anulado el visado de inspector, así, que, supongo, enhorabuena.- declaró el inspector Dylan Ferguson.
-          Soy consciente de lo que es la justicia en esta mierda de ciudad, solo una tapadera moral para que los poderosos puedan violar la ley sin más sanción que la destitución de uno de sus inspectores. No, no vengo aquí a que me humillen nuevamente. Dejo la oficina, de hecho tengo en mis manos una carta de renuncia que humildemente he redactado para el inspector jefe y estoy seguro que la encontrará bastante gratificante.
-          Siempre te he dicho que eras un tipo raro Avery, pero ahora veo que tu estupidez es palpable. Lo único que vas a conseguir renunciando al departamento es que se te declare sujeto peligroso y tengamos que perseguirte.
-          Contempla la oficina y dime, ¿qué ves?
-          Veo a un estúpido que va a cometer una estupidez. – declaró Ferguson.
-          ¿¡De verdad!? Eso es todo lo que vas a decirme, compañero.
-          Ya no seremos compañeros.
-          No, no lo seremos. Espero que eso te resulte reconfortante.
-          Me resultaría más reconfortarle no tener que matarte la próxima vez que nos veamos.
-          Yo. No puedo decir lo mismo. Adiós Dylan.

La ciudad es lo que podríamos denominar como un gran amasijo de hormigón armado que discurre entre truculentas formas por agrestes parajes de grafitis y marketing digitalizado. En esta sociedad solo existen dos tipos de personas el poderoso y el servidor, aquellos que no pertenecen a ninguno de los grupos sociales son declarados criminales en potencia y perseguidos para ser ejecutados en pasarelas para diversión de todos los ciudadanos, pero por encima de todos ellos está el líder un gran sistema corporativo de androides que regulan las normas de comportamiento y culturales, omitiendo todas aquellas referencias o modos de lenguaje que puedan incitar a la gente a razonar. En esta tiranía donde el hijo del hombre domina a una sociedad tan sistematizada como mecanizada se encontraba Avery Preston. Puede que a sus cuarenta y siete años todos pensaran que sería un hombre acabado destinado a ser cazado como conejo de indias para ser conducido al pelotón de fusilamiento semanal, pero porta el semblante de una esperanza y un hombre con esperanza se aferra peligrosamente a la vida.

Dylan era un pensador, o al menos él pensaba que era un tipo inteligente, y en mi caso desconozco si lo es o simplemente se movía impulsado por una rebeldía tardía contra el sistema. Lo que es cierto es que no daba un paso en falso y siempre tenía un plan de contingencia, y en este caso sabía dónde dirigirse. Colocó en su bolsillo un nanochips de apariencia y adoptó la forma de un joven de estrato medio para poder eludir las patrullas de ciber-caninos y llegar hasta la amplia avenida del emporio Winston donde las gigantes calles de asfalto en radial se encontraban decoradas con múltiples comercios dónde abundaba todo tipo de ocio salvo el literario. Finalmente, los suburbios se encontraban en el viejo casco perteneciente a la Edlin del siglo XXI donde vivían los marginados y todos aquellos considerados por la sociedad como infraseres y criminales en potencia. Aunque la apariencia fuese de ruinas, bajo las cloacas se había creado todo un submundo donde los proscritos vivían, comerciaban y saciaban sus apetencias. El vacío legal de su existencia hacía que eventualmente se les abriera la entrada a determinados miembros de los estratos de Edlin que querían adquirir ciertos gustos que en su ciudad les era negado como podía ser el comercio de libros o las asociaciones de debate. En este lugar tan horrible y poco propenso a la depravación, donde sus habitantes solían ser barbudos y con el pelo largo, Avery conocía a una joven chica pelirroja de ideas extrañas con la que había colaborado en más de una ocasión.

-          Hola inspector, ¿qué le trae por aquí? ¿Shakespeare?
-          Ya no soy inspector cariño, así que llámame Avery y ponme un chocolate caliente.
-          Es extraño, normalmente los de la ciudad solo vienen aquí a leer a Asimov y tomar té.
-          El té es una pijotada, Rose.
-          Tiene un aroma particular, a veces afrutado, pero la textura del chocolate es más atemperada para el paladar.
-          Ya sabes que a mí me van las cosas fuertes. He escuchado por ahí que hay un grupo de frikis que confabulan contra esos malditos androides.
-          Shh… Avery, aún no he encendido el fuego. Deja que el chocolate se caliente.
-          ¿Sabes algo, o no?
-          Sé que existe un grupo de antiguos robots y humanos que imbuidos por extrañas ideas de un tipejo llamado Bakunin quieren desmantelar el Palacio del líder, pero no te convienen eres demasiado listo como para meterte en esas tropelías.
-          ¡Ah, sí! ¿Y qué crees que debería hacer?
-          Sigue tus instintos. En diez años has limpiado la ciudad de psicópatas y ajusticiado a desviados entre los poderosos. Te temen, te quieren ver muerto, pero no todos.
-          No todos –se escucha en un grito a la lejanía- Bienvenido, hermano. Mi nombre es Walter. – dice un extraño hombre negro ataviado con capucha y con profusa barba.
-          ¿Y tú quién eres? – Preguntó Avery.
-          Yo soy la solución a tus problemas. Únete a mí y buscaremos la alianza con todas aquellas sociedades alejadas de Edlin que viven en conexión con la naturaleza. Sé que eres un hombre leído pues he conocido tu interés por autores como George Orwell, pero al igual que un Marco Polo hizo en los albores de nuestra civilización yo he viajado y he conocido el mundo más allá de estas fronteras de cemento y hierro, y puedo asegurarte que existe vida orgánica y, sobre todo, armonía.

Continuará…